Estar en Niza, una ciudad que ha inspirado a pintores como Picasso, Chagall, Renoir, Matisse y Monet con su luz, sus colores y su vibrante atmósfera, fue una experiencia maravillosa. Caminar por sus calles, sentir el suave ritmo del Mediterráneo y observar cómo el sol transforma cada superficie me recordó por qué creo: para capturar la belleza, las luchas y la resiliencia del espíritu humano.
Para esta edición del premio, elegí mi obra Diaspora para aparecer en el libro de arte y el catálogo. Esta pieza transmite un mensaje urgente y muy actual. Refleja la situación de quienes se ven afectados por el conflicto entre Israel y Palestina: personas que no tienen culpa alguna pero se ven obligadas a abandonar sus hogares en busca de seguridad y estabilidad. A través de Diaspora, quise dar testimonio de valentía, resiliencia y humanidad, ofreciendo una reflexión visual sobre la necesidad universal de refugio, protección y esperanza.
Recibir este premio no solo es un reconocimiento a mi trabajo, sino también un recordatorio de la responsabilidad que llevo como artista. El arte tiene el poder de transformar el dolor en belleza y el silencio en testimonio. Nos permite conectar más allá de fronteras, culturas y generaciones, y arrojar luz sobre historias que deben ser vistas y escuchadas.
Estoy profundamente agradecida a la Fondazione Effetto Arte, a los jurados y a todos quienes han apoyado mi camino. Mientras continúo desarrollando Retratos del Alma: Transfiguración, mi motivación es crear obras que inspiren reflexión, diálogo y fe, conectando lo sagrado con lo humano y recordándonos la resiliencia y la dignidad presentes en cada historia.