“Me impulsa el potencial evocador de las imágenes: su capacidad no solo para reflejar lo visible, sino para revelar las emociones íntimas y, a menudo, no expresadas que definen la presencia humana. Ya sea a través de la fotografía o la pintura, mi obra busca capturar algo más que la apariencia; aspira a manifestar lo invisible.
En la fotografía, abordo cada sujeto como un diálogo entre dos mundos interiores: el mío y el suyo. La imagen resultante surge de una química compartida, una empatía visual donde convergen la perspectiva y la personalidad.
En la pintura, mi objetivo no es reproducir, sino trascender. El pincel se convierte en un instrumento de introspección, que va más allá de la representación superficial para iluminar la esencia emocional de cada individuo. A través de la figuración expresiva y la superposición simbólica, me esfuerzo por inmortalizar no solo la apariencia, sino la presencia: aquello que perdura en nosotros.
En última instancia, mi práctica artística se basa en la creencia de que el retrato no es un espejo, sino un receptáculo: un contenedor de memoria, vulnerabilidad y de la belleza inefable del espíritu humano. Creo con la intención de que cada obra genere un reconocimiento profundo; que quienes son retratados se vean no solo representados, sino reflejados en su verdad emocional más plena.”
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